Emili Teixidor llegeix La materia oscura de Philip Pullman

“LA MATERIA OSCURA” DE PHILIP PULLMAN. 

La primera lectura, hace ya unos años, de la trilogía de Philip Pullman “La materia oscura” me sorprendió al principio por la novedad de los temas tratados y por el respeto total que mostraba a los lectores jóvenes. Aunque pronto me di cuenta de que la obra podía ser leída con el mismo interés – e incluso diría pasión – por lectores de cualquier edad, jóvenes y maduros. A medida de avanzaba en la lectura, en los volúmenes segundo y sobre todo tercero, mi sorpresa iba en aumento para llegar al final a una total admiración por la valentía y la maestría del autor. La ambición de la obra está muy por encima del “paternalismo” de todo tipo – y que en muchos casos es sólo una juiciosa adecuación de temas y lenguaje –  que suele ser el lugar común de muchas obras destinadas al público infantil/juvenil. Muy pocas obras de fantasía están dirigidas actualmente al público adulto. La excepción ha creado un género, el género de ciencia-ficción, con obras de gran interés e importancia, pero desgraciadamente parece como si los autores de géneros de ficción – novela negra, policíaca, romántica, ciencia ficción, aventuras, juvenil…- deban ser rescatados de la tinieblas de la indiferencia, el terreno donde son destinados por los críticos y muchos lectores de obras “importantes”, “adultas”, “de primera línea” o simplemente con ambición literaria que en algunos casos se queda en eso, en una ambición que las salva del apartado de “género”. Y he aquí que de vez en cuando surge un autor y una obra que destaca con luz propia y pronto es rescatado del desinterés crítico y académico para situarse en primera línea, aunque siempre con el signo de su procedencia, a veces para situarlo en el conjunto de la producción, otras veces para subrayar con más fuerza el mérito de haber destacado sobre todos los escritores i situarlo como autor de gran cualidad e importancia. “La materia oscura”, los tres volúmenes de la obra, es de esas obras que destacan del género al que en principio han sido clasificadas, por la amplitud de sus lectores y por la intensidad y profundidad del tema que trata.

La primera sorpresa en esa primera lectura, al principio sin otro interés que una novela de fantasía juvenil, aparece con personajes cuya función el lector interpreta a menudo que avanza el libro con más profundidad como pertenecientes a una metáfora que el autor nos ofrece para acercarnos a preguntas y enigmas vitales de primera magnitud, válidos para todo tipo de público. Los daimoniones se aceptan muy pronto como encarnación de la conciencia, el alma si se quiere, el espíritu…, y es claro el cambio constante del daimonion en figuras diversas durante la inmadurez, los primeros años, de los personajes, y también interpreta bien el lector que la madurez se alcanza cuando el daimonion queda fijado en un animal concreto y ya no varía, como el carácter ya formado del individuo adulto. Y así, apoyado por esa figura metafórica, el lector va tratando de interpretar todos y cada uno de los mundos y de los seres que pueblan la obra, como una construcción alegórica, cósmica o individual, que nos arrastran con sus peripecias, pero también por el eco que de vez en cuando escuchamos en nuestro interior y en el que percibimos un sentido personal con resonancias aprovechables en todos los sentidos. El trato a los niños raptados, por ejemplo, convertidos en supervivientes serviles y sin conciencia, crítica de las Iglesias oficiales que actúan de esta manera para librarles de sus males y alejarlos de las tentaciones, esclavos del dogma. El polvo mismo, nos remite al bíblico “polvo eres y en polvo te convertirás”, el pecado original como materia oscura, partículas elementales etéreas como residuos de un mundo perdido… Por eso muchos críticos y lectores han visto en La materia oscura una versión moderna de El paraíso perdido de Milton, en la que se mezclan interrogantes sobre el mundo y sobre el Creador, Dios, o como dice el texto La Autoridad, y en la física cuántica y las referencias o paralelismos científicos (se habla de “teología experimental”) que se juntan a la mitología nórdica y en lo que algún lector ha llamado “los daimonides del gnosticismo”.

Unos temas alejados, por las sugerencias e interrogantes que propone la trilogía, de las clásicas aventuras con héroes de una pieza o de la moralina de las lecturas más o menos ejemplares con buenos propósitos incluidos a que nos tiene acostumbrados la literatura juvenil, como un género con unos moldes y unos límites determina- dos, cuya función es en un modo u otro ejemplarizante, pero raramente problemática y literaria, y menos aún se atreve a cuestionar la autoridad, que aquí es la Autoridad con mayúscula y todos sus atributos. Y en los casos en que se disfraza esa ejemplaridad con transgresiones graciosas que no pasan de ser travesuras intrascendentes, la influencia es mucho peor, al proponer al lector joven una visión superficial, facilona, de la vida y de la autoridad presentada como un obstáculo ridículo que cualquier personajillo puede poner en aprietos o como mínimo en ridículo. Pero no se habla nunca en esas obras meno-res de la Autoridad máxima y del Destino último y definitivo y de las Renuncias profundísimas que conforman la vida en general y con las que todos los adolescentes tendrán que enfrentarse y superar algún día.

Las interpretaciones que permite el juego constante con los universos paralelos y los diferentes habitantes, o tribus, de cada uno de ellos, son constantes y sugerentes. Como el estado de indefensión a que la Iglesia, cualquier Iglesia, somete a los niños raptados y sobrevivientes arrebatándoles el libre albedrío y dejándoles como simples servidores y justificando su actitud como la ayuda y salvación de todas las tentaciones que podrían conducir a la maldad. Los residuos del pecado original transformados en partículas ele-mentales etéreas, la materia oscura, y el referente bíblico de “polvo eres y en polvo te convertirás” dan a muchas escenas y descripciones una interpretación que evoca fragmentos bíblicos, con lecturas poéticas y aproximaciones científicas, con lo cual el lector percibe una misteriosa profundidad y un reto para ir más allá, para adivinar qué más puede ofrecer la trama, a la vez complicada y llena de fantasía. El juego, o las interpretaciones teológicas, como las científicas, se agudizan a medida que avanza la aventura, en expresiones como “circuitos ambaromátricos” que evocan el ámbar como una de las primeras manifestaciones reproducibles de la electricidad, y muchas otras, así como las referencias a episodios bíblicos, desde los primeros padres del paraíso a varios personajes de primer orden en el libro sagrado, y la cita expresa a un papa y a Dios, agudizan ese trasfondo constante de evocación de otros mundos sagrados y del conocimiento, que dan el toque de profundidad a la mayoría de escenas y descripciones.

El capítulo 17,  “Las dunas”, viene encabezado por una cita de Píndaro que dice “Alma mía, no persigas la vida eterna, escucha el mundo de lo que es posible”.  Y hay en el libro muchas referencias al tema religioso, como cuando Mary recuerda su respuesta a Will cuando le había preguntado si añoraba a Dios: entonces, recuerda, era experimentar la sensación de que todo el mundo estaba vivo y que todo estaba conectado por medio de unos hilos de significado. Cuando Mary había sido cristiana –prosigue la reflexión – siempre se había sentido conectada con algo, pero cuando abandonó la Iglesia, se sintió como si la hubieran dejado suelta, libre y ligera en medio de un universo sin propósito.” Y más adelante, otro fragmento: “Me pregunté si realmente alguien sacaría provecho de mi sufrimiento – reflexiona la misma -. Y la respuesta llegó enseguida. No. Nadie. Nadie se preocuparía por mí, nadie me condenaría, nadie me bendeciría por ser buena chica ni me castigaría por ser buena. El cielo estaba vacío. No sabía si Dios había muerto o si no había existido nunca…” Y los fragmentos podrían multiplicarse. Palabras mayores para ser un libro sólo para menores.  Ese mundo vacío, por ejemplo, silencioso e inquietante de Cittàgazze, carente de adultos porque los espectros, Espantos en la traducción, se alimentan de sus almas, ¿no es una imagen fascinante de muchas de nuestras ciudades repletas de ciudadanos anónimos, vacíos, desconocidos, como cadáveres ambulantes, a los que la publicidad descarada, la manipulación política, el ensimismamiento existencial, han convertido en simples objetos, en un ejército de cuerpos desocupados? En cuanto a las referencias a la Iglesia, los sacerdotes, o simplemente a la “Autoridad”, cualquier tipo de teocracia, que es la invasión, y la usurpación en muchos casos, del ejercicio político por la autoridad religiosa, no son más que apuntes o argumentos para combatir los dogmas impuestos, las respuestas prefabricadas, los fundamentalismos de todo tipo, político o religioso, y los ejemplos irían desde la condena a Galileo hasta las últimas dictaduras políticas disfrazadas de solidaridad e igualdad que ha sufrido la humanidad.

Por esa razón, y por la complejidad misma de las peripecias de la obra, la etiqueta de “libro infantil o juvenil” le queda corta. Muchos lectores adultos gozarán y profundizarán más y mejor con su lectura. Y a muchos jóvenes les parecerá complicada la trama y no serán capaces de interpretar todas y cada una de las imágenes y sugerencias que con-tiene. El mismo autor ha declarado su propósito de elaborar una actualización de El Paraíso Perdidode Milton, interrogándose sobre el origen del mundo y la creencia en Dios, con todas las cuestiones y fantasmas o demonios que ello suscita y de hecho se muestra en el libro una lucha entre el cielo y el infierno, y reparo que en la introducción del libro hay una frase adaptada de William Blake en la que afirma que el autor de la trilogía, está en la bando del demonio con todo conocimiento.

El material que la trilogía proporciona para el vuelo de la imaginación es enorme. Por eso cada lectura es única y todas las interpretaciones válidas. El trasfondo que añade el lector a cada pasaje enriquece cada lectura. Puede decirse de la obra, como de muchas obras maestras, que cada lectura añade más riqueza al texto. Y prolonga la intensidad de las emociones y sugestiones que provoca. Con un final esperanzador, en la que el descubrimiento del amor lo resume todo.

En una segunda lectura, a causa del tema del curso y porque después de pasados varios años de la primera y sorprendente lectura, encontré en la obra algunas dificultades.

Me di cuenta, por ejemplo, que mis anotaciones se concentraban sobretodo en la tercera y última parte, “El largavistas de ámbar”, porque en esta parte es donde la novela ad-quiere más profundidad y la intención de crear una “república del cielo” es más patente. Quizás provocada por la falta de sorpresa de la primera lectura – aunque tengo que decir que igual que les ha ocurrido a otros lectores – la obra me pareció repetitiva en algunos aspectos y que reclamaba toda la atención y retención del lector porque podían confundirse u olvidarse los distintos planos, los otros mundos e incluso el misterio des-velado poco a poco de la paternidad de los protagonistas. Llegué a pensar que la había valorado demasiado alto en mi primer ejercicio lector, y que quizás muchos episodios podían resumirse para hacer la lectura más ligera y entretenida. Hasta que llegué a finales del segundo tomo y del tercero y último. Las dudas, en esa parte, eran de otra índole: ¿podían los más jóvenes interpretar correctamente las preguntas que formulaban los personajes de la obra?, ¿serían capaces de leer esos diálogos y reflexiones como una pura continuidad de la aventura externa, sin penetrar en la aventura íntima que se les presentaba?, ¿los adultos, no apartarían de su interés unos libros que se presentaban como juveniles – por lo menos en las colecciones que conozco – con todo su aparato de movimientos y acción por la acción y por tanto alejados de sus intereses actuales?.

Descubrí que la mayor parte, por no decir todas, de las inquietantes preguntas que se formulan en esa última parte sobretodo siguieron y siguen inquietándome y que las respuestas o soluciones que se dan, no satisfacen por completo la ansiedad producida, por ejemplo con la república del cielo final, o el buenismo de afirmaciones como que “el lugar más importante de todos es siempre el mundo que uno se encuentra” y que ese lugar “no habría podido construirlo nadie si todos se hubieran limitado a actuar en beneficio propio. Tenemos que hacer las cosas que cuestan por más difíciles que parezcan…” etcétera. ¿No es un sermón o una moraleja muy conocida para un esfuerzo de lectura tan largo y absorbente? Al final pensé que el esfuerzo compensa, vale la pena, pero… ¿pensarán todos lo mismo?

A lo largo de esa segunda lectura subrayé muchos más fragmentos que la primera vez, ocasión en la que los subrayados se limitaron al tercer volumen y a las afirmaciones más sorprendentes – en aquel momento – sobre la Iglesia y la teología. Me pareció entonces un acto de valentía tejer una crítica de ese tipo en una obra publicada en una colección juvenil y en principio destinada a ese público. En la segunda lectura, subrayé desde el primer libro y una recopilación de esos subrayados daría una lectura a saltos de la obra desde los momentos más mágicos a los más comprometidos. En esa segunda lectura, encontré en falta también una actitud más clara sobre la importancia de la trascendencia y la finalidad de las vidas humanas, y un empeño especial en destacar los defectos de los dogmas de todo tipo. Un camino más sólido por el que encauzar las ansias de eternidad de los jóvenes lectores, sobretodo. El primer fragmento que destaqué, por ejemplo es “Las brujas tienen un poder de separación de sus daimonides muy superior al nuestro…” y el último el ya citado de la república del cielo y “Will había deducido que la daga se había roto porque había tropezado con algo que no podía cortar: el amor que sentía por ella.” (Su madre).

Otros fragmentos significativos:

“Durante la pubertad, que es la época en la que estás a punto de llegar, los daimonines te proporcionan una serie de ideas y de sentimientos muy desagradables y precisamente eso hace que el Polvo penetre dentro de las personas.”
“El Magisterio decidió que el Polvo era la prueba física del pecado original”.
“Los habitantes de aquí no conciben que existan mundos en los que los daimonides no sean más que una voz silenciosa  en la mente de las personas.”
“Ángel es el nombre de su función no el de su naturaleza”.
“Me enseñó actos crueles y espantosos cometidos en nombre de la Autoridad con la finalidad de eliminar las alegrías y la veracidad de la vi-da”.
“Vuestros científicos… ¿Cómo los llamáis vosotros? ¿Teólogos experimentales? Pues ellos seguro que conocen la unión cuántica…”
“Estaremos allá, fuera, en el mundo físico, que es y será siempre nuestra casa.”
“Podemos viajar a otros mundos si hallamos las aperturas que conducen a él, pero sólo podemos vivir en el mundo en que nacimos.”
“Yo no puedo escoger mi naturaleza pero sí que puedo elegir lo que quiero hacer.”
“La Iglesia católica a la cual yo pertenecía se negaba en redondo a usar la palabra daimonion pero San Pablo ya hablaba del espíritu, del alma y del cuerpo. Por tanto, la idea de las tres partes que constituyen la naturaleza humana no es tan estrambótica. A lo cual Will afirmó: Pero la mejor parte es el cuerpo.”

En fin…sería inacabable. Sólo para subrayar la dificultad de dar respuesta inmediata a muchas de las cuestiones que se proponen. y a la complejidad que se presenta en la mente de muchos lectores, sobre todo jóvenes.

Repito que cada lector, según sus convicciones, dará una respuesta distinta a muchas de las preguntas o afirmaciones que el autor formula a través de sus personajes. Con ello adelanto también la dificultad de responder a las cuestiones que se formulen en el curso. Yo recomendaría una lectura sin prejuicios, poética por así decirlo, dejando que el texto fluya en su propia dinámica y recogiendo o subrayando sólo los aspectos sobre los que quiera volver más adelante, al terminar la trilogía. Y si al final quedan sólo unas inquietudes sin respuesta, ya se habrá logrado mucho, en una obra que pretende sobre todo huir de los dogmas establecidos y de las afirmaciones definitivas.

Se pueden proponer muchos ejercicios de lectura de la trilogía, algunos puramente mecánicos, por ejemplo, hacer una lista de todos los mundos visitados y sus diferentes característica, otro ejercicio sería redactar dos listas con los diferentes personajes distribuidos en benéficos y maléficos repitiendo algunos nombres en las dos columnas ya que cambian de bando, por así decirlo, a lo largo de la historia, una tercera lista con todos los objetos, artefactos, invenciones o como quiera llamárselos, que aparecen empezando por los daimónides a la misma materia oscura, Polvo, etc., e intentando una definición de diccionario, como una guía de utilización, de los mismos. Y aún más, una lista de esos objetos o artefactos, e incluso algunos personajes y mundos, tomados como signos de alguna realidad que metaforizan, o sea la equivalencia según el parecer de cada lector o lectora, entre el símbolo objetizado o personalizado y la realidad o situación que evocan…

Pero esos serían ejercicios puramente externos, a modo de guías para facilitar la lectura de la obra, y también como un complemento a modo de diccionario para acudir en casos de despiste u olvido. Lo más interesante, a mi parecer, serían las preguntas de fondo, las inquietudes que suscitan ciertos pasajes, las diferentes respuestas que se podrían dar a las preguntas que se formulan de modo directo o indirecto…, y en definitivo qué rasgos serían aceptados como literatura juvenil y cuáles inaceptables y las razones de todo ello. Ese sería al debate más enriquecedor para una crítica, orientación y clasificación de obras futuras.

Emilli Teixidor